Descubre el vino en China: la producción, el consumo y las regiones vitivinícolas que debes conocer
Hablar del vino en China obliga a abandonar muchos de los tópicos que todavía rodean al país. Durante años, la imagen que predominó en Occidente fue la de un enorme mercado dispuesto a importar vino de Francia, Australia, Chile o España. Esa fotografía fue cierta durante buena parte de la década de 2000, pero hoy resulta incompleta.
China continúa siendo uno de los mercados más importantes para la industria vinícola internacional, aunque el consumo haya disminuido respecto a los años de máximo crecimiento. Al mismo tiempo, ha desarrollado un sector productor que cada vez despierta más interés entre críticos, importadores y profesionales del vino.
Lo llamativo es que ese desarrollo no responde a un único modelo.
A diferencia de Francia, donde la historia vitivinícola se ha construido durante siglos alrededor de denominaciones consolidadas, China está definiendo todavía cuáles serán sus grandes territorios vinícolas. Es un proceso abierto, dinámico y, en cierto modo, experimental.
Esa circunstancia explica por qué resulta tan difícil resumir el vino chino en una sola región o en un único estilo.
Un país enorme con climas completamente distintos
La superficie de China supera los 9,5 millones de kilómetros cuadrados. Es el cuarto país más extenso del planeta y reúne una diversidad geográfica difícil de encontrar en cualquier otra gran potencia vitivinícola.
En un mismo país conviven desiertos, cordilleras que superan los 5.000 metros de altitud, costas con influencia marítima, llanuras continentales y zonas subtropicales.
Esa variedad tiene una consecuencia directa sobre el viñedo.
No existe un único clima para producir vino en China.
Mientras algunas bodegas trabajan en condiciones casi desérticas, donde apenas llueve durante el ciclo vegetativo, otras deben enfrentarse a niveles elevados de humedad que favorecen la aparición de enfermedades fúngicas. En determinadas regiones, el principal enemigo es la sequía; en otras, el exceso de precipitaciones durante el verano.
Por eso resulta más apropiado hablar de los vinos de China que de el vino chino.
Cada territorio presenta características muy diferentes.
La paradoja del viñedo chino
Las estadísticas internacionales suelen llamar la atención sobre un dato que sorprende a muchos aficionados.
China figura desde hace años entre los países con mayor superficie de viñedo del mundo.
En algunos ejercicios ha ocupado incluso la segunda o tercera posición, dependiendo de la metodología utilizada por los organismos internacionales.
Sin embargo, esa cifra necesita una explicación.
No todas las uvas cultivadas en China se destinan a la elaboración de vino.
Una parte muy importante corresponde a variedades de mesa y a la producción de uva pasa. China es, de hecho, el mayor productor mundial de uva fresca, un mercado gigantesco que poco tiene que ver con la industria vinícola.
Cuando se analiza exclusivamente el viñedo destinado a vino, las cifras cambian de forma considerable.
Aun así, el potencial sigue siendo enorme.
Durante las dos últimas décadas se han desarrollado miles de hectáreas de nuevos viñedos orientados específicamente a la producción de vinos tranquilos, espumosos y vinos de hielo.
Del crecimiento acelerado a la búsqueda de calidad
La evolución del vino chino durante los últimos veinte años puede dividirse en dos grandes etapas.
La primera estuvo marcada por un crecimiento muy rápido.
El aumento del poder adquisitivo de la población urbana, la expansión de la restauración internacional y la llegada de inversiones extranjeras impulsaron una demanda que parecía no tener techo. Grandes compañías ampliaron sus instalaciones y numerosas administraciones regionales apostaron por el desarrollo de la viticultura como motor económico.
En ese contexto, producir mucho era una prioridad.
La segunda etapa, que todavía continúa, responde a una lógica distinta.
La desaceleración del consumo, los cambios en las preferencias de los consumidores y una mayor competencia entre productores obligaron al sector a replantear su estrategia.
Hoy las conversaciones ya no giran únicamente alrededor del volumen.
La atención se centra en el origen, el viñedo, la sostenibilidad y la calidad final del vino.
Es un cambio parecido al que experimentaron otros países del Nuevo Mundo hace varias décadas.
Ningxia: la región que cambió la percepción internacional del vino chino
Si hubiera que elegir un nombre para explicar el prestigio que ha alcanzado el vino chino durante los últimos años, ese nombre sería Ningxia.
Hasta principios de este siglo era una región prácticamente desconocida fuera de China.
Hoy ocupa un lugar destacado en publicaciones como Decanter, Wine Spectator o The World of Fine Wine y concentra buena parte de los proyectos más ambiciosos del país.
Situada al pie de la cordillera Helan, en el noroeste de China, Ningxia reúne unas condiciones naturales que muchos especialistas consideran excepcionales para el cultivo de la vid.
Los viñedos se encuentran entre los 1.100 y los 1.300 metros de altitud, lo que favorece noches frescas incluso durante el verano. Esa diferencia térmica entre el día y la noche permite que las uvas maduren lentamente y conserven una buena acidez, un factor fundamental para elaborar vinos equilibrados.
Las precipitaciones son escasas.
En algunos años apenas superan los 200 milímetros.
Eso reduce considerablemente la presión de enfermedades como el mildiu o el oídio, aunque obliga a recurrir al riego mediante canales alimentados por el río Amarillo.
No obstante, el clima también presenta un inconveniente importante.
Los inviernos son extremadamente fríos.
Las temperaturas pueden descender por debajo de los veinte grados bajo cero, un nivel capaz de destruir la planta si permanece expuesta durante varios días.
La solución adoptada por los viticultores chinos resulta tan eficaz como laboriosa.
Cada otoño, una vez terminada la vendimia, las cepas se doblan cuidadosamente hasta el suelo y quedan cubiertas por una capa de tierra que las protege del hielo durante todo el invierno.
Cuando llega la primavera, el proceso se realiza a la inversa.
Miles de hectáreas deben desenterrarse manualmente para que la vid vuelva a iniciar su ciclo vegetativo.
Pocas imágenes representan mejor la singularidad del vino chino que esa operación, prácticamente desconocida en Europa.
Os dejo este documental de la televisión china sobre esta región tan interesante:
Shandong, donde comenzó la viticultura moderna
Antes de que Ningxia alcanzara fama internacional, la provincia de Shandong ya desempeñaba un papel esencial dentro de la industria vinícola china.
Situada en la costa oriental del país, frente al mar Amarillo, esta región fue elegida por Zhang Bishi para fundar Changyu en 1892.
Su proximidad al mar proporciona un clima menos extremo que el del interior, aunque también introduce un desafío importante: la humedad.
Las lluvias estivales incrementan el riesgo de enfermedades en el viñedo y obligan a mantener una vigilancia constante durante todo el ciclo de cultivo.
Aun así, Shandong continúa siendo una de las principales regiones productoras del país y alberga algunos de los proyectos más relevantes impulsados por empresas internacionales.
Precisamente aquí se encuentra Long Dai, la bodega desarrollada por Domaines Barons de Rothschild (Lafite), considerada uno de los proyectos más prestigiosos de la viticultura china contemporánea.

Domaine de Long Dai. Esta bodega china hay que tenerla en el radar.
Domaine de Long Dai es una de las bodegas más prestigiosas de China y forma parte del grupo francés DBR Lafite (Château Lafite Rothschild). Situada en el valle de Qiushan, en la región de Penglai (Shandong), combina la tradición vitivinícola francesa con la cultura y el paisaje chinos para elaborar vinos de alta calidad con una identidad propia.
La bodega destaca por su arquitectura, que fusiona elementos tradicionales chinos con un diseño contemporáneo de inspiración occidental. Sus viñedos ocupan más de 40 hectáreas distribuidas en unas 600 terrazas, sobre suelos de arcilla arenosa y granito, y trabajan en estrecha colaboración con agricultores locales, cuya experiencia resulta clave para el cultivo de la vid.
El clima monzónico de Shandong obliga a realizar una cuidadosa selección y mezcla de variedades. Las principales uvas son Cabernet Sauvignon, Marselan, Cabernet Franc y Merlot, aunque en los últimos años la bodega ha incrementado el protagonismo de Marselan y Cabernet Franc para conseguir vinos más equilibrados y con mayor personalidad.
En la crianza también ha evolucionado su filosofía, reduciendo el uso de barricas nuevas de roble y combinándolas con barricas usadas y depósitos de acero inoxidable para preservar mejor la expresión del terroir. Desde 2018, además, incorpora barricas de diferentes tonelerías para aportar mayor complejidad a sus vinos.
Las catas de las añadas entre 2017 y 2021 muestran una evolución constante hacia vinos cada vez más refinados. Destacan la frescura y equilibrio de la añada 2021, la complejidad aromática de 2020 y la elegancia de 2018, mientras que la añada 2017 sobresale por su estructura, finura y excelente integración de las variedades.
En conjunto, Domaine de Long Dai representa la ambición de China por situarse entre las grandes regiones vitivinícolas del mundo, apostando por la innovación, el respeto al terroir y una búsqueda permanente de la excelencia.
Xinjiang: vino entre desiertos
La región autónoma de Xinjiang ocupa el extremo occidental de China y representa uno de los territorios más sorprendentes para el cultivo de la vid.
Gran parte de sus viñedos se desarrollan en zonas áridas, con abundantes horas de insolación y una humedad muy reducida.
Estas condiciones permiten obtener uvas sanas y con una elevada concentración de azúcares y compuestos fenólicos.
No es casualidad que Xinjiang haya sido históricamente famosa por la calidad de sus uvas de mesa.
En los últimos años, ese conocimiento agrícola también se ha trasladado a la elaboración de vinos, especialmente tintos de variedades internacionales.


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