Restaurant Can Roca de Tota la Vida en Girona: donde empezó todo
- Dirección: Ctra. de Taialà, 42, 17007 Girona
- Teléfono: 972 20 51 19
- Servicio: En restaurante
Hay restaurantes que se conocen por sus platos y otros que, además, cuentan una historia. Can Roca de Tota la Vida, en Girona, pertenece sin duda a los segundos. Es el restaurante de Josep Roca y Montserrat Fontané, los padres de Joan, Josep y Jordi Roca, los tres hermanos que años después convertirían El Celler de Can Roca en uno de los grandes referentes de la gastronomía mundial.
Visitar Can Roca es acercarse a los orígenes de esa historia. No a la alta cocina de El Celler, sino a la cocina familiar y cotidiana que vino antes: la del restaurante de barrio, el menú del día, los guisos y los platos reconocibles. Una cocina sin artificios que ayuda a entender de dónde procede la manera de mirar la gastronomía de los hermanos Roca.
La casa donde crecieron los hermanos Roca
Can Roca abrió sus puertas en 1967, en el barrio de Taialà, en Girona. Josep Roca y Montserrat Fontané levantaron aquí un restaurante familiar que acabaría convirtiéndose también en el escenario de infancia de sus hijos. Montserrat, al frente de los fogones, representa esa cocina tradicional transmitida de generación en generación: fondos, guisos, carnes, pescados y recetas catalanas elaboradas desde el conocimiento del producto y de la cocina doméstica. Josep, por su parte, estuvo durante décadas al frente de la sala.
Para Joan, Josep y Jordi, el restaurante de sus padres fue mucho más que el negocio familiar. Fue su primera escuela. Antes de las estrellas Michelin, de los viajes, de la investigación gastronómica y de los reconocimientos internacionales, estuvo Can Roca.
Y quizá por eso resulta especialmente interesante visitarlo después de conocer la trayectoria de El Celler de Can Roca. Permite descubrir la otra cara de la familia: la más sencilla, cotidiana y cercana.
Venir aquí a comer el menú del día
Nuestra visita tuvo precisamente ese espíritu. Vinimos a probar el menú del día, probablemente una de las maneras más auténticas de conocer Can Roca.
Aquí no se viene buscando una versión económica de El Celler de Can Roca, porque sería entender mal el restaurante. Can Roca tiene personalidad propia. Lo que encontramos es una casa de comidas tradicional, con platos generosos y reconocibles, basada en esa cocina que reconforta y que no necesita demasiadas explicaciones.
El menú permite escoger diferentes platos y conserva esa fórmula tan nuestra del primero, segundo y postre. Una sucesión que invita a comer tranquilamente y a disfrutar de la cocina por lo que es, sin convertir cada plato en un ejercicio intelectual.
Lo que probamos en Can Roca Girona
Durante nuestra visita fuimos recorriendo distintos platos del menú. Este es precisamente uno de esos momentos en los que las fotografías cuentan casi tanto como las palabras: platos sin pretensiones estéticas excesivas, servidos como corresponde a una buena casa de comidas y pensados, ante todo, para disfrutar.
Precisamente en estos platos está buena parte del encanto de la experiencia. No se trata de buscar técnicas sorprendentes detrás de cada elaboración, sino de apreciar el sabor de una cocina hecha desde la experiencia y la memoria.
De Can Roca a El Celler de Can Roca
Hay además una circunstancia maravillosa: la historia de uno de los restaurantes más importantes de la gastronomía contemporánea comenzó prácticamente al lado.
En 1986, Joan y Josep Roca abrieron El Celler de Can Roca junto al restaurante familiar. Más adelante se incorporaría Jordi, el menor de los hermanos. Con el paso de los años, aquel proyecto crecería hasta alcanzar las tres estrellas Michelin y situarse en lo más alto de la gastronomía internacional.
Pero las raíces seguían estando aquí.

Resulta fácil encontrar conexiones entre ambos mundos. La importancia de la hospitalidad, el respeto por el producto, la memoria familiar o la tradición catalana no aparecieron de repente con El Celler. Formaban parte de una manera de entender la restauración que los hermanos habían vivido desde niños.
Can Roca ayuda a comprender que detrás de una cocina extraordinariamente sofisticada puede existir un origen extraordinariamente sencillo: la cocina de una madre, el comedor de un restaurante familiar y tres hermanos creciendo entre platos y clientes.
Una visita que merece la pena
Después de nuestra comida, la sensación que queda es que visitar Can Roca de Tota la Vida tiene un valor que va más allá del propio menú.
Por supuesto, se viene a comer. Pero también se viene por lo que representa.
Es conocer el punto de partida de una familia que ha marcado la gastronomía contemporánea. Es sentarse en el restaurante de Josep Roca y Montserrat Fontané y descubrir la cocina alrededor de la cual crecieron Joan, Josep y Jordi. Y es comprobar que, antes de toda la sofisticación que llegaría después, había algo mucho más elemental: una familia dedicada a dar de comer bien.
Quizá esa sea la mejor manera de entender Can Roca de Tota la Vida.
No como la antesala de El Celler de Can Roca, ni como una curiosidad para aficionados a la gastronomía, sino como un restaurante con identidad propia que conserva algo especialmente difícil de fabricar: historia, memoria y autenticidad.
Y poder conocer esa historia alrededor de un menú del día hace que la experiencia tenga todavía más sentido.









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